EL MUEBLE DE ROBLE PASARÁ DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN

De todas las cualidades que podemos elogiar de la madera de roble, sin duda destaca su resistencia, su calidad. Un mueble hecho de roble no será disfrutado únicamente por aquel que hoy, ilusionado en dar vida a su hogar, lo adquiera. Será para él y para las generaciones que lo sucedan. Vivirá años, íntegro, recto, digno, en la casa del que mañana será abuelo y viajará, orgulloso, al hogar de algún nieto.

Nadie juzgará si se adapta a la decoración futura porque la elegancia jamás pasará de moda. Una mesa soberbia y delicada a la vez, será rodeada por infinitas conversaciones y risas. Se hablará del hoy y del mañana en su seno. La madera maciza soportará hasta el más tosco de los comensales. Tallada por manos y usada por manos: cuando el sentido del tacto importa, el roble es la mejor opción.

Pero también nos importa la vista y claro está que no hay mejor forma de recibir a nuestros invitados que un aparador solemne y majestuoso enfrente de nuestra puerta de entrada. Portará con distinción nuestra fotografía más adorada o ese jarrón de diseño.

También habrá algunos muebles que no se vayan de la casa, que no viajen al hogar de ningún descendiente. Aquellos que usando las mejores piezas de roble, hemos hecho a medida para ese lugar concreto y que pasan a formar parte casi estructural de la morada.

“Qué tan bello apareces, ¡Oh, roble!” escribió Rosalía de Castro: es bello él y si cabe más el resultado que nuestros artesanos consiguen tallando su madera. Bellos, duros, resistentes, así son los muebles que han elegido desde hace cientos de años la monarquía y la alta aristocracia para habitar sus palacios. Podían tener lo mejor y así lo elegían.

Dejar un libro en una estantería de roble recia y sólida es dejar el peso del conocimiento en el lugar que se merece. Posar la taza en una mesa auxiliar de esta maravillosa madera, elegante y funcional a la vez, es puro bienestar. Descansar en una rígida cama de roble macizo es tener la plena seguridad que el paso del tiempo no le va a hacer perder ni un ápice de fuerza.

No en vano nuestros ancestros han elegido el roble como material principal para envejecer el vino: además de aportar los aromas especiales al licor y tener la porosidad óptima, los maestros vinícolas se han asegurado que sus barricas envejecerán con ellos, como el vino, y con incontables generaciones venideras.

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